SILISTRA CHILDREN'S HOSPITAL. PROJECT
Sencillamente delicioso!!!!
Es un libro muy especial, en serio. Los pensamientos de René y Paloma os van a llegar al corazón. Buenísimo.
Este es el modelo que os pido que sigais para escribir una pequeña historia de vida acerca de vuestra idea del amor. Como sabéis, vamos a trabajar con estas narrativas para el trabajo "Las narrativas del amor en la era del postfeminismo..." Ya hay gente que me ha mandado la suya. Cuento contigo. Si tienes dudas pregúntame, please.
Gracias
NARRATIVA: HISTORIA DE VIDA
a) NARRATIVAS QUE FORMARON TU CONCEPCIÓN DEL AMOR: CREENCIAS QUE ASUMISTE A TRAVÉS DE ESAS NARRATIVAS
- Recuerdos tempranos sobre el amor: cosas que escuchabas en casa (abuelas...), te decían las amigas
- Cuentos, libros, películas, televisión...
- Escuela, catequesis...
- Otros
b) PRIMERAS EXPERIENCIAS DE ENAMORAMIENTO
c) ¿CÓMO SE HAN MODIFICADO TUS CREENCIAS DE LA NIÑEZ Y JUVENTUD ACERCA DEL AMOR A LO LARGO DE TU VIDA MADURA?
d) LA EXPERIENCIA DEL AMOR PARA TI EN LA ACTUALIDAD
e) ¿QUÉ PORCENTAJE DE TU FELICIDAD ATRIBUYES AL AMOR?
Listen, do you want to know a secret...? Encontré el disco de Fairground Attraction en Krisis. Disco, sí... Lo escucho ahora y me vienen ecos de un invierno en Escocia. Imágenes que se agolpan, el tiempo no existe. …for your smile is a prayer, the pray is for love... and your heart is a kite that longs to fly, alleluyah, here I am…
We’ll kiss the first of a million kisses…
De repente ya no es agosto, sino diciembre. No ha pasado el tiempo. Por eso escribimos. Por eso escuchamos las viejas canciones. Porque en la amalgama del recuerdo salimos del presente y volamos hacia una suerte de eternidad, un no-time, un no-land donde todo es. Pero nada de lo que quiero transmitir se transmite con tan solo las lyrics de los temas. Qué va. Hay que escuchar la voz de Eddi Reader para eso. Para que también tú puedas perderte conmigo por la música, y recorrer mi pasado y tu pasado. Comprobar que el tiempo no existe. Que está todo flotando en un continuo. Un pub de Glasgow en los años ochenta, las lágrimas de ahora y las risas de entonces, la nieve desde un salón lleno de luces y tarjetas navideñas y el atardecer de un verano en Granada. Los veinte y los cuarenta. El amor de entonces y el de ahora, el de siempre...
Babies, gracias por seguir visitándome fielmente, a pesar de mi ausencia. Hoy, que es mi santo, os prometo volver casi de inmediato. Estuve tan lejos y tan cerca...
1. A partir de hoy me pongo de nuevo las pilas. Tengo cosas preparadas, sobre todo para insistir en lo de las narrativas
2. He creado otro blog para poder subir reportajes con foto, que en este era bien difícil, así que crearé un link desde aquí para que podáis ver todas las imágenes
Gracias por permanecer ahí. No siempre estamos como para... bueno, para escribir sí, pero, en fin, este blog se está haciendo demasiado público como para que un día me levante y me ponga a escribir unas cuantas miserias.
Os veo luego
LAS NARRATIVAS DEL AMOR EN LA ERA DEL POSTFEMINISMO: ¿AÚN LA BÚSQUEDA DEL ÁNIMUS?
Bueno, pues tenemos un trabajillo común. La cosa va así: me han invitado a una mesa redonda acerca de los mitos del amor, las mujeres y el desamor; así como lo oís... El congreso, ISONOMÍA, se celebra anualmente, y trata cuestiones de género. Está genial. Os lo recomiendo, y os recomiendo la lectura de sus actas. Aquí va el enlace:
http://isonomia.uji.es/mujeres5/
Y en esto que se me ha ocurrido que, puesto que lo nuestro últimamente va de narrativas, estaría genial que las blogueras y blogueros que deseen colaborar, podrían dejar aquí (o mandar a mi correo privado, of course) una narrativa más o menos personal en torno a este tema: LOS MITOS DEL AMOR EN LA VIDA DE LAS MUJERES. ¿A que mola? De entrada iba a limitarme al ámbito de la literatura, pero enseguida me acordé que la literatura la hacemos nosotras y nosotros mediante nuestras narrativas y discursos. Así que, junto a los textos clásicos, pre- o postmodernos, contaré con los vuestros.

Esta hermosa lámina es de mi querido colega Rubén van Bemmelen, fotógrafo excepcional y dibujante de extrema delicadeza.
Qué hermosas tus palabras, Luzdeluna. No debemos posponer el amor... Sigue escribiendo. Tu lenguaje acaricia el alma. Espero que se cumplan tus deseos.
Comentario de Luzdeluna:
El amor es lo que nos mueve. Siempre el amor. Y verlo escrito en los labios de los otros, con letras mayúsculas, ilumina hasta lo más recóndito de nuestro corazón. Y entonces sólo hay luz, una luz cegadora que nos revitaliza y nos recuerda que no debemos posponer el amor. Los amores que no vivimos se evaporan, ahogan nuestro corazón, se transforman en elocuente ficción. Y yo quiero vivir en amor, transformar mis sentimientos oscuros en amor, ser amor. Cerrar los ojos y sentir que ya no es el desamor el que circula por mis venas, sino una nueva corriente repleta de ilusión.
Ayer se casó mi primo Antonio.
En mi bolso un trozo de sus calzoncillos. Como no llevaba corbata hubo que subastarlos. Les pidieron un beso de tornillo y se lo dieron no problem. Cuando vi besar a mi primo con la pasión de un actor americano de los de antes y la frescura del niño que fue, tuve un momento epifánico: lo que le da sentido a las cosas es ese toque auténtico, ese todo encantador y primigenio que ni siquiera es consciente de su propia belleza. Vivan los novios! tarta, y su sonrisa. La de los dos.
Vaya, ya te me has ido. Supongo que escribía para ti. Pero me he quedado sola, de nuevo, en el blog. Sola con mis miserias, uy qué miedo. Sola con mis misterios, también, que en el fondo son los de todo el mundo. Si me hablaras hoy, no hundirse, salir adelante, hablar de libros, venga, pues. Más tarde.
O acaso hablar del amor.
Tal vez no es el mejor momento para hablar de libros. O puede que sí. Podría deciros algo sobre Lo raro es vivir, de Carmen Martín Gaite, que está aquí al lado, en mi mesa. Y viene a pelo, supongo. También de lo Mejor que le puede pasar a una agente literaria, de Debra Ginsberg, que es realmente la primera novela de esta estadounidense, aunque ya antes había escrito libros de memorias. A quien le interese el mundo de la edición, aderezado con un punto detectivesco y una prosa muy interesante, con sentido del humor y capaz de enganchar, pues le vale. Por no hablar de La elegancia del erizo, que se está convirtiendo en un must, y lo entiendo hasta cierto punto. Yo la recomiendo, desde luego.
...No se me había ocurrido. Esto de comentar libros en plan blog. Lo voy a hacer de manera más concienzuda. A ver si dejo el ego y sus miserias a un lado. Porque claro, hablar este mediodía de libros, aunque en los libros se resuma todo, pues en fin... Casi que me dan ganas de ponerme a ver Diario de un escándalo, que me la saqué de la biblioteca de la facu y me apetece un montón. Palabras... yo no sé si lo que me salva, o lo que me redime, o lo que me condena a esta soledad de los manuscritos son las palabras. Iba a llamarles putas, pobres. En realidad, como yo misma, oscilan del prostíbulo al convento. Y así nos va.
Ayer estuve en una boda. Ahora me acabo de levantar. Abro el blog, casi por inercia. ¿Y si alguien me está leyendo? Siento deseos de comunicarme. Y empiezo.
Hoy es un día... especial. Ya os contaré luego. Ahora tengo que irme a una reunión que empieza a las diez. A ver si alcanzo a llegar a las y media. O a las menos cuarto.
Algo pasa hoy en Galicia. Una tesis, una chica italiana: Liana, que ahora mismo se estará preparando. Bueno, y más cosas. Y casi llueve aquí, mientras allí diluvia.
¿Hoy no empezaba en algún sitio la feria del libro? A ver si va a estar allí la respuesta.
Lo dicho, que luego os cuento. Y os hablo un poco de literatura, que así este blog cobre su sentido.
Alanda ha conocido a alguien especial. En realidad lo conocía de antes. Cuando piensa en él, ahora, le vienen a los sentidos el sabor de sus besos, la suavidad de su piel, la blancura de su tez y su sonrisa, sus ojos, sus manos, sus palabras y su silencio elocuente mientras la miraba, mientras la mira.
De pronto, si creemos por fin que no hay presente ni pasado, el momento está ahí flotando en un continuo de vivencias. No ha pasado aún ni ha terminado de pasar. Tan solo es.
Los días que suceden a un encuentro amoroso son jornadas inestables, en que sueño y vigilia se confunden y llega a invadirnos un cansancio pegajoso. Cuando tiene visos de incertidumbre, esta etapa suele cursarle con punzadas de dolor que preceden a un frío intensísimo en el pecho, hasta que este acaba por convertirse en un gran congelador que hiela cuanto almacena. Portadora de su estancia polar, se disponía a abrir mecánicamente el buzón el viernes después del viaje cuando llegó el cartero con aquel sobre rojo. Se lo remitía él. En su interior venía una rosa disecada. Era una rosa de damasco, como las rosas del poema de Yeats; como la que vieron en el cartel que anunciaba una lectura de poesía en Sevilla. La acompañaban unos versos de su poeta, de su Yeats, aquellos que le dedicó a la mujer de la que vivió perdidamente enamorado. Far-off, most secret, an inviolate rose… Lejana, secretísima, una rosa inviolada. No había ningún otro mensaje, más allá de su firma. Una firma que parecía la cuidadosa copia del garabato de un niño.
De nevera pasó primero a ser jardín helado, y luego se le derritió el pecho para acoger aquella flor que, de una calidez dulzona, pasó enseguida a irradiar fuego. Mirarla era sentir que César la besaba apasionadamente. Sus labios húmedos le recorrían la espalda en el duermevela, mientras el olor a maracuyá y humo de su pelo acudía a cada cita nocturna. En una de esas noches miró hacia la mesita y contempló la portada del libro de haikus que había hecho a medias con Ruben, el fotógrafo que a veces colaboraba con la editorial. Adiós a las orquídeas, textos de Belén de Santos, imágenes Ruben Van der Veken. Realmente su labor había consistido en traspasar a la palabra unas imágenes de ensueño: campos de tulipanes, la casa de piedra con cortina movida por el viento (Casa olvidada, / encierras mis recuerdos, / junto a mi infancia), dos cisnes que juntaban sus picos en las aguas de Cambridge, un paisaje marino con gaviotas, incluso su retrato y el de otras mujeres. Era una edición muy cuidada, en papel de fibra vegetal Antaimoro, y no encontró otra cosa mejor que enviarle, después del detalle de la rosa.
Pues eso.
Elena, mil gracias por tu comentario. No sabes cómo motiva leer esas palabras tuyas. Mira, la novela aún no está publicada, pero te prometo que en cuanto esté a punto de salir tú serás de las primeras personas en saberlo. Os dejé en el curso en la segunda página, y aquí los fragmentos te han hecho querer leer más. Ese es el mejor premio para una escritora...
Pues parece que ahora sí funciona. Durante un buen rato no me colgaba las noticias. Solo aparecía un texto fantasma de 1970... Muy acorde con el relato gótico y demás (porque, como observaréis,en la sección de entradas por fecha se ha colado una un tanto misteriosa). Debe ser un fallo del sistema...
Vanessa, por fin voy a poder dirigirme a ti. Fuiste una de las primeras personas en dejar tu mensaje en el blog. El texto que te llamó la atención, el del amor descarnado, procedía de "La memoria de agosto". Era la voz de la protagonista (pero ya sabes que creamos personajes para dar voz a nuestra realidad semiolvidada). En las entradas anteriores he ido colgando más pasajes de la novela. Has sido una de mis primeras lectoras, y te agradezco tus palabras. Ánimo, no dejes nunca de escribir. Lo haces genial. Y tienes ángel.
me es imposible colgar noticias por el momento. solo sale la fecha 1970 y el cuerpo del texto vacío
(Para seguir el orden en que escribo, me gustaría que leyérais antes Des-velada, que es el primero de esta secuencia nocturna, ya casi de amanecer...)
Miguel, gracias. Y lo siento. La respuesta llega un mes tarde. A veces esperamos que sepan interpretar nuestro silencio. En mi caso ha habido un momento de crisis. Ha sido esta noche, como explico abajo, cuando por fin me he levantado a escribir. Me gustó mucho recibir tu mensaje. Te invito a que compartas nuestro tema de amor. Tienes tanto que contar. Y eso que sientes pues lo sentimos muchas y muchos. Tal vez convenga hablar de ello (o tal vez no). Quizá también convenga recordar que las cosas nunca pasaron como se recuerdan. La memoria...
Aquí van algunos fragmentos de "La memoria de agosto". Por ti, Miguel, por quienes no olvidamos.
La respuesta de César no se hizo esperar. Cuando, al volver del almuerzo –durante el cual apenas consiguió probar bocado–, abrió el correo electrónico con la excitación propia de los momentos de expectación, esos que preceden al instante preciso en que tomamos conciencia del cumplimiento de un deseo muy anhelado, casi le estalla el corazón al encontrar su mensaje. Algo se había iniciado, una corriente impetuosa y extraña. A partir de entonces intercambiaron un raudal de mensajes apasionados, a través de los cuales llegaron a sentir que otras voces tomaban posesión de ellos. La agilidad con que fluían las palabras les llevó a sospechar su preexistencia en alguna región de la memoria.
Fecha: 8 de febrero de 2000 18: 03
Asunto: a Clara de la Rosa
Mi hermosa dama:
Queda pues encendido el verso, y trémula la llama aguarda fuego aún donde quemarse. Nada habéis de decirme pues anhelo sin duda maravillas y eso espero. Fugitivo tal vez de la memoria, siempre presente en vos así os deseo.
..................
Hermosa dama revivida por la memoria… Cuatro años ha tardado en saber el por qué de la etérea cualidad del retrato, incorpórea figura sacada de su espacio y su tiempo, proyectada por obra y gracia del arte hacia el futuro, recreada, imaginada por la memoria amorosa. Recordar es un hecho del espíritu, pero la memoria es un plasma del alma, es siempre creadora, espermática, pues memorizamos desde la raíz de la especie… había escrito César en uno de los primeros mensajes. Más allá del ente material que nace de la fusión de espacio y tiempo (… estás ahí, ahí dentro escondida en los pliegues / de mi memoria antigua donde ya solo puedo / arrodillarme ante ti mi amadísima mi vida…), prevalecía una existencia póstuma a la muerte, y eso la vinculaba a los fantasmas que saltaron a las pantallas de su ordenador: seres que lograron revivir el amor tendiendo puentes desde su pasado o su inexistencia, desde su preexistencia, tal vez, en un universo paralelo donde dormitan todas las posibilidades, desde la preconciencia de la creación humana, desde el deseo de permanencia, desde la infinitud del amor. En la perdurabilidad de los que nunca se han ido. De las que no han empezado a existir. Mira al espejo y a tu imagen dile.
Decía que "La memoria de agosto" ya está casi en camino (o eso espero, que nunca se sabe). Pero me da el pálpito que sí. Me apetece un montón que la leáis, pero verás... me explico. No ya por el hecho de la novela en sí, sino por el final. Es que al final se pide algo al lector. Justo lo que me gustaría pediros. Consejo. Es una novela interactiva. Terminadas las páginas del libro, la vida de la protagonista supuestamente va a pasar a tener algo de interactiva. Porque pide feedback a los lectores. No me dejan colgarla, preo ya me las apañaré.
De momento un avance para que os vayais haciendo una idea. El feedback que busco no es literario, sino experiencial. Quiero que os familiaricéis con Belén y me deis opinión sobre sus cosas. Sobre cosas que plantea...
Durante algún tiempo sus miradas jugaron a encontrarse. Al principio era ella quien lo seguía con las pupilas anhelando que de una vez por todas la descubriera. Que la viera como ella a su vez había empezado a verlo no sabría decir cuándo, acaso ya la primera vez que lo tuvo delante, en mayo del 99, cuando Maribel, la única compañera del instituto con la que conserva una buena amistad, la animó a que se matriculara en un curso sobre pensamiento junguiano. La orientación era básicamente clínica, cosa que a Maribel –que estaba terminando Psicología– le venía de perlas, porque trabajaba de enfermera en una planta de anorexia. No obstante, iba a haber algunos seminarios sobre simbolismo y arquetipos aplicados a las humanidades. Por eso se dejó convencer.
Cuando se acercó al stand a recoger su carpeta en la mañana de la inauguración, Maribel y otras dos estudiantes llevaban horas sin moverse de allí, así que se ofreció a reemplazarlas mientras tomaban un café. En menos de un minuto hizo su aparición César, dispuesto a recoger su documentación. En realidad no hubo nada en particular que reclamara su atención, o, mejor dicho, le llamó la atención todo él sin que, en apariencia, encontrara ninguna razón especial. Más que atractivo, le resultó interesante, incluso un tanto misterioso. No tuvo el menor reparo en escudriñarlo de arriba abajo cuando mencionó su nombre. O sea, que tú eres César Enríquez. Por fin tenía delante al reconocido psicoterapeuta. Últimamente todo el mundo parecía haberse puesto de acuerdo para hablarle de él. Y las cosas que oía le suscitaban lo que en retrospectiva resulta una suerte de curiosidad premonitoria. Como el comentario que solía repetir Maribel con un tono que delataba –o a ella se lo parecía– cierta atracción morbosa: “Es el enfant terrible del psicoanálisis, durante los últimos años de la dictadura tuvo que exiliarse por liderar revueltas estudiantiles en Madrid”, o la información que había ido recabando en la editorial: “Su obra sobre simbolismo y función trascendente se ha traducido a seis idiomas”, escuchó decir a alguien, y “...en Canadá publicó una novela sobre la locura en la antigua Grecia el tío”, le había comentado hacía poco Lino. No tenía más datos acerca de su aspecto que la comparación que había hecho Maribel, tras unos instantes de vacilación, en una ocasión en que le preguntó por su apariencia física: “Pueeesss... ¿qué te digo? Sería el hermano empollón de José Coronado”.
Pero fue después de oírlo hablar cuando se le desataron las ganas de conocerlo, de saber quién era en realidad aquel tipo enigmático de aire snob y patillas trasnochadas. Sentada en el aula magna de la facultad de psicología, mientras sus frases –sensuales, frescas, atrevidas– amenazaban con seducirla sin remisión, tuvo la absoluta certeza de que iban a acabar juntos. “¿César está casado?”, le preguntó esa noche a Maribel.
- ¿No te lo he contado nunca? Me da pena este tío. Se casó con una paciente, pero creo que era un caso bastante grave. Está internada. En una clínica buenísima, por lo visto, en Francia. Es que la madre de César es francesa. Y muchas temporadas se ocupa también del niño que tienen. Por lo visto la mujer ya estaba mal cuando la conoció. Parece ser que se lo advirtieron, pero él pensó que podría curarla. Dicen que es guapísima. Berta se llama.
- ¿Berta? ¿Como la mujer de Rochester?
- Me suena el tal Rochester. ¿Es de la escuela norteamericana?
- ¿Y qué más sabes de él? Cuéntame más cosas de César.
Leer en la mirada, Koisha, también tiene su arte, su magia, su secreto...
De nuevo, gracias por leerme. Hermosísimo tu blog. Lástima que al llegar a "dondenadie" surja un "problema" y se cierrre la página. Será cosa de este ordenador, que anda pelín cargado. Lo intentaré más tarde.
Como empieza a convertirse en costumbre, me despierto a mitad de la noche. A veces vuelvo a tomar el libro que dejé en la mesita. Hoy me he acordado del blog. Por vosotros.
Por cierto, Koisha, hablando de ángeles, recomiendo fervientemente la novela Lo mejor que le puede pasar a una agente literaria", de Debra Ginsberg. La encontré por casualidad y no he podido dejar de leerla una vez empezada. Fue el viernes. Al despertarme a deshora decidí que no podía postergar más el momento de irme hasta la Inmaculada a hacerme unos análisis. Y, bueno, a la vuelta me encontré con una librería hasta entonces desconocida para mí. Fue una auténtica sorpresa (el nombre... volveré a apuntarlo) y entre las joyitas apareció la novela que os digo. Como acababa de desayunar churros en un café cercano, pasé cosa de una hora mirando en esta pequeña librería que pasa desapercibida (la puerta tiene pinta de papelería de barrio). Me sentí realmente feliz, toda una sorpresa, un pequeño premio a mi odisea matutina -lo de la sangre- y volví a casa caminando. Al pasar por el Mercadona de Sánchez, por cierto, ya de camino entré a comprar pan de semillas de ese tan rico que venden.
Pero hay, hubo más. Porque este fin de semana, por fin, mientras los volantes del ferial y los caballos engalanados y todo eso, me he metido de lleno, por fin, en mi segunda novela. Me hace sentir genial. LLevaba tiempo con la idea y unas cuantas anotaciones, pero por fin siento que ya estoy totalmente inmersa, y eso da una sensación muy especial. Y antes de pasar a la primera, quiero deciros algo realmente importante: gracias, gracias por leerme, por estar ahí, por escribirme. Habla Koisha en su wonderful blog de que a veces somos ángeles para otros, acaso sin saberlo. Vosotras, vosotros, lo sois para mí. En los momentos bajos (y los ha habido últimamente) me habéis transmitido fuerza para continuar. Si escribo ahora, es por vosotros. GRACIAS
Te espero. Te siento. Me lees y me haces feliz. Me acaricias con tus ojos como antes me has acariciado con tus labios, con tus dedos suaves, sabios, con todo tu ser. Te pienso, te escribo. Te hablo bajito, en un susurro, para que no te me vayas como un niño asustado, perdido. Porque en el fondo somos eso: dos niños ante la inmensidad. Pero no te vas aunque creas que te estás marchando, vuelves a mí y yo estoy aquí, no me había ido, porque me bañaste en una suavidad antigua, te sentí tan nuevo y tan de siempre, y me quedé inmóvil, apenas sin querer moverme, o sin poder no sé solo tu piel tus labios solamente tu voz las cosas que me dices me cuentas tu silencio tu risa sentarte junto a mí no enfrente: como lo había querido siempre en el fondo todo se resume en eso: no me quiero sentar frente a ti sino a tu lado y entonces escucharte besarte acariciar tu mano tu piel solo tus ojos todo tu de repente
no te has ido ni yo el tiempo es un continuo y estamos al principio de algo
lo que tú escondes encierras lo más profundo de tu ser he descubierto como juan goytisolo por ejemplo afinidades arraigos muy profundos solo tu de repente
y te he reconocido y me has reconocido
Hay pupilas que reflejan el deseo de verse en otras, imágenes que se dedican a unos ojos y solo en ellos cobran su sentido
Sí, tengo una novela terminadita y revisada. Muy bonita ella, en el cajón. No se me ocurrió otra cosa que mandarla a un premio de los super (nacionales, comerciales, y ... bueno, ya sabéis). Ni que decir tiene que el resultado estaba cantado. Como el gordo pero sin dejar las bolas al azar. En fin. Bueno, modestia aparte, la novela es realmente linda. En cuanto esté publicada os informo. Para hacer boca os iré poniendo aquí trocitos (no hay problema, está registrada...). Gracias por leerme
Habría tantos. Cada día me iré refiriendo a uno concreto. Hoy ha sido Begoña. Ya sabéis, más abajo os cuento las penas de desamores que he padecido en esta jornada (Ay, Afrodita, que abandonada me tienes). Pero Bego, con sus palabras dulces, con su sabiduría, con su sensatez y su sentido común, y, sobre todo, con su cariño, me ha proporcionado bálsamo para las heridas. No hay que ponerse en plan tremendista. A veces, los puntos son punto y seguido (o punto y aparte, claro).
Gracias, Bego, eres muy linda
Hoy estoy para penas solamente, hoy estoy para quitarme el corazón y meterlo debajo de un zapato (Miguel Hernández)
...Porque el conocimiento objetivo carece totalmente de importancia cuando los sentimientos llegan a un punto ciego. Se nubla el entendimiento y ni el trabajo de oficina, ni el de tiza, ni las cuentas bancarias ni el hormigón tienen sentido. Está solo esa ausencia dolorosa (una querencia tengo por tu acento), esa amargura en la sien, esa dolencia de melancolía hernandiana que nace en el costado y se irradia hacia todos los miembros del cuerpo y todas las fibras del alma. El mundo se concentra en una isla: la del espacio privado. Y la presión en el pecho comprime hasta retornarnos a la indefensión infantil. Solo que ahora, en lugar de buscarlos, tendemos a escondernos de los brazos maternos por miedo a que quien nos parió no pueda soportar el dolor de vernos hechos trizas, a la deriva de una pasión absurda, como lo son todas cuando se ven desde fuera. O después. Cuando pasan los meses, los años, y épocas más sosegadas nos devuelven la cordura; entonces viene la vergüenza por habernos entregado a un sentimiento adolescente, por haber sido presa de una pasión desatada y novelesca, y nos reprochamos una vez más nuestro desatino, asegurándonos que será el último.
Voy a escribir unas cuantas palabras clave para ver si os remiten aquí:
el amor en los tiempos de...
narrativas de mujeres
claves para que los hombres se pongan en el camino hacia... en fin, si les apetece
En realidad han sido frasecitas clave
Alguna más
secretos para publicar
lo que nos mueve hoy
mejoremos el mundo, seamos más personas hoy
reflexionar de otro modo a la vuelta del siglo: happiness condition
Escribirme, joder!
Hoy es uno de esos días que ufff! ¿Sabéis lo que me apetece? Que algunos cibernautas, foreros, navegantes a la deriva por estos lares, me leyeran y compartieran sus miserias amorosas conmigo. Hoy va de amor, qué le vamos a hacer. Pero nada, me leen quienes me conocen, y les da corte dejarme respuesta. Y tú, lector anónimo, no sé si acaso llegas a este puerto.
Si os contara mi historia amorosa.... os juro que os engancharíais y no podríais dejar mi blog. ¿A que me lanzo? Por favor, que alguien me responda!!!!!!!!!
Esta mañana me enfrentaba al día con un deje melancólico mezclado con cierto peso estresante de las obligaciones cotidianas. En el messenger, mi amigo Pablo aparece y me infunde energía de la buena. Happiness condition, o condición de felicidad, que lo llamamos algun@s. Mirad lo que me ha dicho:
- Los maestros zen recomiendan hacer dejación del ego
- ¿Eso qué es?
- Pues... quitarse el orgullo y la soberbia, y hablar claro
- Eso es muy sabio, yo le llamo happiness condition
- Pozzzzz debe ser lo mesmo, jajaja
Pablo, hoy, ha sido mi maestro (no os cuento el resto de la conversación). Pero el consejo venía al hilo de que a veces, por no expresar lo que sentimos, por no ser directos, nos complicamos las cosas. Después de hablar con él estaba como nueva, llena de una vitalidad que me ha cambiado el día. Gracias, Pablo. Eso es, entre todos podemos ayudarnos...dar y recibir.
Hay trenes que solo pasan una vez; otros, en cambio, nos sorprenden en el andén con su retorno.
Pues eso, que a los que no acertamos a subirnos al tren a la primera, a veces la vida nos da una décima oportunidad.
La longevidad de Aurora Benavente sorprendía a propios y extraños desde hacía más de tres décadas. Hubo incluso quien se atrevió a catalogar su buena salud como “siniestra lozanía”, achacándola a la influencia de su difunto esposo Rafael. En qué manera no llegaba a quedar claro, pero las malas lenguas rumoreaban que algo le dio a comer para resarcirla de una vida errante. A Gloria siempre le habían fastidiado estos comentarios que, estaba claro, eran producto de la envidia. Además de ser una mujer guapa –en otro tiempo se dio un aire a Katharine Hepburn–, Aurora había cometido el imperdonable error de adelantarse a las costumbres de la época. Cada vez que volvían al lugar que los vio nacer, lucía los vestidos que le regalara Rafael allá en las ciudades y los países por los que fueron pasando, con un glamour más propio de una actriz de cine que de una esposa prudente. O eso habían dicho siempre en la calle de las Tenerías. Claro que, bien pensado, tampoco era de extrañar que la superchería popular sacara esos cuentos, pues lo cierto es que jamás había padecido enfermedad alguna, ni accidente, pequeño o grande, ni tan siquiera una caída, tan propia de las personas mayores, de esas que acaban postrando a causa de una rotura de cadera. A pesar de su centenar cumplido de años. Por eso se sorprendió tanto Gloria al escuchar el aviso que había dejado Margarita Valdelomar en el contestador la mañana del dieciséis de agosto: “… Se cayó anoche de madrugada. Parece ser que entraron en la casa y le cogió a ella el pastel. Y Julia para colmo en el campo, pasando unos días con su hija. Así que ya sabes, tienes que venirte para acá en cuanto oigas esto”. En la casa del pueblo habían quedado los dos primos: el tío Sebastián, medio inválido, hijo de Aurora, y el padre de Gloria, con la diabetes disparada del susto. De nuevo se tambaleaban los cimientos. De nuevo la sensación de desmoronamiento interior, a la par que la premura por coger el cascajo y recomponer la casa. Una vez más, la joven sintió ese dolor punzante tan familiar –el mismo que le nacía cada vez que las circunstancias la forzaban a asumir una protección para la que se encontraba desprotegida– extenderse como una corriente eléctrica hasta sentir que se le resquebrajaban las entrañas. La sensación de lluvia y desamparo, el miedo y el rechazo a volver a un pasado sepultado, cuyo recuerdo ahogaba día a día entre las obligaciones cotidianas, despertaban otra vez de su letargo. Precisamente ahora, cuando todavía luchaba por salir de una colitis ulcerosa que le había dejado como secuela un aspecto enfermizo y un estado depresivo al que sobrevivía a duras penas atormentada por sus propias pesadillas. Justo cuando se sentía, más que nunca, incapaz de volver a aquel lugar en el que acechaban formas y sombras oscuras. El chisme fue pasando de boca en boca como el argumento de un episodio en blanco y negro de los tiempos de Narciso Ibáñez Menta. A las doce de ese día ya lo conocían de primera mano todos los allegados, y en el pueblo no se hablaba de otra cosa. Lo de Aurora y el susto de la vela. Según lo contaba Sebastián, en torno a las doce de la noche escuchó a su madre gritar: “¡las ánimas benditas!”. Poco después lo estaba llamando con un hilo de voz. Cuando llegó a su cuarto se la encontró quejándose y mascullando frases inconexas que daban una particular y tenebrosa idea de lo ocurrido. “¡Tu padre, Sebastián! Ahí, en el espejo. Una luz… Me caí y me recogieron… ánimas del purgatorio…” Después perdió el conocimiento. Porque, como dijo don Serafín, el médico, se había dado un buen golpe en la cabeza. Y lo más curioso de todo es que se la encontraron quejumbrosa, sí, pero perfectamente colocada encima del cobertor de hilo. Ni una sola vez dudó Aurora acerca de quiénes la habían ayudado cuando resbaló con el orinal en aquella noche de
En ese instante, todos supimos que jamás volveríamos a vernos. Pero nadie dijo nada. Seguimos como si tal cosa, simulando que aquel verano del 80 no acabaría nunca, que jamás perderíamos aquel paraíso de sabor a sangría y olor a brisa de mar. Y así lo he conservado en la memoria: Juanjo y yo, dos figuritas más de un dulce recuerdo. Hasta esta mañana en el metro. Canas en las sienes, traje impecable, maletín. Estuve a punto de llamarlo, pero su nombre quedó ahogado en mis labios cuando lo vi abrazar a una mujer alta, rubia, que al volverse se me antojó el reflejo de mi imagen en un espejo.
No sé si os pasa, pero yo nunca logro evitar que los restos de ceniza manchen la madera del mueble del comedor. Se me va el santo al cielo mientras creo a mis personajes. Ahora, por ejemplo, tengo a Matilda agarrada al alféizar de la ventana, ocultándose del psicópata, que ha entrado en su habitación. ¿Qué hacer con ella? El asesino está a punto de ver sus dedos agarrándose al mármol. Si la descubre está perdida. Y Marta a punto de entrar y de montarme un pollo porque la varita de incienso se ha acabado y le estoy manchando su teka importada. Lo siento, no puedo dedicarme a las dos. Salvar a Matilda. Pero entonces entra Marta chillando. Matilda cae al vacío...
Romualdo trepó al castaño y observó sin pestañear cómo Herminia desenterraba la caja. La abrió y contempló extasiada el collar que ambos habían robado al anciano. “Estas perlas conceden el don de la inmortalidad. Pero cuidado, pues están engarzadas de modo que junto a cada una de las que otorgan la eterna juventud hay otra que mata en el acto”, les había dicho cincuenta años atrás. Herminia tragó la más brillante de las minúsculas esferas y cayó al suelo, pálida. Romualdo no tenía más que saltar e ingerir la perla contigua.
Lentamente, Herminia se sacudió la hierba mientras escupía la perla que había ocultado en su boca. Magistral actuación. “Pobre Romualdo, era tan predecible”. Estaba muerto. El resto era muy sencillo. Una eternidad por delante...
Autora: Cristina Pérez Valverde Publicado en EntreRíos Cuando queremos sonreír pensamos en Tlacotalpan Elena Poniatowska I “En el río de las mariposas las langostas viajan en raíces de lotos. Queda bien como inicio de un poema”. El escritor y yo nos dedicamos una sonrisa de complicidad mientras contemplamos las hermosísimas casas coloniales que bordean la ribera del Papaloapan, el mágico río veracruzano en que, según la leyenda, se curan todos los males del alma. “Verás, Belén, cómo el peso que llevamos en el corazón queda ahogadito en estas aguas”, ha dicho Juan Ignacio al subir a la barca. Nos deslizamos suavemente por el que fuera en las culturas prehispánicas reino de la Mariposa Monarca, especie ésta de grandes alas anaranjadas y negras a menudo tenida por diosa del amor. De su mágica elegancia deriva este hermosísimo nombre: “Pa-pa-loa-pan”, que parece evocar el sonido mismo del insecto al batir sus mayestáticas alas, aunque en realidad procede de dos palabras náhualt: apan (río) y papalot (mariposa). PAPALOAPAN, O EL RÍO DE LAS MARIPOSAS
Empiezo este blog, por fin, después de dar unas cuantas vueltas para lograr subir los textos. Y aún no estoy muy ducha en el asunto... Es día 14 de enero: estrenamos un día de lluvia granadina. Y sin más dilación voy a colgar aquí ya lo que tanto me apetece: algunos de mis relatos.
Blog literario de Cristina Pérez Valverde
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